Las explosiones resonaban alrededor de su cabeza, por todas partes, imposible de negar.
Hans, con el fusil inutilizado, el uniforme cubierto de sangre y arena y la cabeza tan despejada como siempre, veía a los Panzers avanzar, lenta pero decididamente hacia el este, entre la arena y el sol.
Hans, con el fusil inutilizado, el uniforme cubierto de sangre y arena y la cabeza tan despejada como siempre, veía a los Panzers avanzar, lenta pero decididamente hacia el este, entre la arena y el sol.
Cuando todo acabe me iré a Tombuctú, pensaba. El calor aquí es insoportable, y tanta arena comienza a afectarme.
Pasó junto a varios soldados ingleses muertos, aprovechó para cambiar de arma al tiempo que se repetían las órdenes: Avanzar, avanzar, y avanzar. Hacia Gazala, hacia oriente.
¿Cuán lejos estaremos de Tombuctú? ¿Llegaré caminando? No, mejor en barco, un navío inglés directo hacia el sur. De seguro allí no hace tanto calor.
El Panzer que avanzaba junto a él se detuvo, pero Hans, ensimismado en sus pensamientos, no lo notó; continuó caminando internándose, sin saberlo, en el campo minado por los ingleses…


